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Constantin “Kot” Jelenski:

He aquí -difícil escribir una frase más entusiasta- el libro más “escandaloso” que jamás haya sido escrito en polaco. Escandaloso, por la simple razón de que pone al desnudo ciertos estratos de verdad y de realidad que escapan a los enfoques “psicológicos” más audaces, más objetivos y más profundos. Es un libro metafísico, no psicológico. En sus mejores pasajes, “Pornografía” es poesía pura.
Carta a Witold Gombrowicz del 4 de agosto de 1959

 

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Dibujo de Rafał Olbiński.

René de Ceccatty:

Las novelas de la manipulación son la perversión de las novelas de educación. “Emilio, o de la educación”, Julia o “La Nueva Eloísa” han sido pervertidas por Sade y, similarmente, por Choderlos de Laclos. Habida cuenta, los protagonistas adultos que se encargan de someter a adolescentes bajo su poder no son numerosos. Y “Pornografía” se inscribe en esta tradición perversa. Como el duque de Blangis o Dolmancé, como Valmont y Merteuil, el narrador y Fryderyk deciden orientar el destino de los dos jóvenes que, aparentemente, no conocen nada de la vida. Se trata de trasmitir una experiencia, pero hay que ganar tiempo, hacer saltar etapas y denunciar la hipocresía de los aprendizajes comunes. Y, sobre todo, de modificar el equilibrio del bien y del mal, de la moral dominante y de su transgresión. De ir hasta el mal, por diversas vías.
René de Ceccaty, “La manipulación” en Gombrowicz veinte años después, París, 1989

 

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Imagen del dibujo animado “Laberinto” (1962) de Jan Lenica, amigo de Witold Gombrowicz.

Péter Esterhazy:

Este libro no hace como si… Eso no es justo. Pero no dice que nada es verdadero, pues afirma que el pecado existe. Brevemente, este libro no cuenta conmigo, no pide mi ayuda, mi connivencia, mi benevolencia (como tantas novelas de la Europa central), no solicita mi cultura, mi comprensión, este libro no cuenta más que consigo mismo. (Es la palabra final de la historia).
Péter Esterhazy, “Un importuno” en Gombrowicz veinte años después, París, 1989