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El Matrimonio: visto por...

Lucien Goldmann:

El interés de la notable obra de Gombrowicz me parece residir, en primer lugar, en el hecho de que, para poder plantear a nuestra época ciertos problemas fundamentales de la condición humana (pureza y compromiso; juventud y comienzo de la vida; inmanencia y trascendencia; valor auténtico y degeneración de los valores) el autor crea un mundo imaginario en el cual –lo haya querido conscientemente o no- el desarrollo de la acción se vuelve una especie de crónica grotesca de los grandes acontecimientos sociales que se produjeron en Rusia después de 1917 y, en ciertos países de Europa central, desde 1945, y las repercusiones que esos eventos han tenido sobre la condición y la conciencia de los hombres.
Lucien Goldmann, “La crítica no ha comprendido nada”, France-Observateur, 6.02.1964

 

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Ecos del estreno del “Matrimonio” de Lavelli en París en enero de 1964: dibujo de Piem “Se casaron y tuvieron muchos espectadores”.

El propio Witold Gombrowicz

Goldmann convertía al Borracho en el pueblo rebelde, a la novia de Henri, en la nación, al Rey, en el Estado, a mí, en un “noble polaco” que había encerrado en estos símbolos un drama histórico. Intenté protestar, tímidamente, de acuerdo, no lo niego. “El Matrimonio” es una versión loca de una historia loca; en el desarrollo onírico o etílico de su acción se refleja lo fantástico del proceso histórico, pero ¿que Margot sea la nación y el Padre, el Estado…? ¡Todo en vano! ¡Goldmann, profesor, crítico, marxista, cargado de espaldas, sentenció que yo no sabía y él sí sabía! ¡El imperialismo rabioso del marxismo! ¡Esa doctrina les sirve para agredir a la gente! Goldmann, armado de marxismo, era el sujeto; yo, desprovisto de marxismo, era el objeto; unas cuantas personas que escucharon nuestra discusión no mostraron ninguna sorpresa de que Goldmann me interpretara a mí y no yo a él.
Witold Gombrowicz, Diario, 1965

 

“El Matrimonio” sin teatro es como un pez fuera del agua, sí, porque es un drama no solamente escrito para el teatro, sino que, al menos en su intención, es la misma teatralidad de la existencia que se libera. […]
“El Matrimonio”, puesto en escena, debería convertirse en el monte Sinaí, lleno de revelaciones místicas, en una nube preñada de mil significados, en un trabajo desenfrenado de la imaginación y la intuición, en un “Grand Guignol” rebosante de alegría, en una misteriosa “missa solemnis” a caballo de los tiempos y a los pies de un altar desconocido.
Witold Gombrowicz, Diario, 1954

Jerzy Jarocki:

JPuedo confesarlo aún hoy: la lectura de esta obra me ha golpeado dolorosamente. Fui fulminado por la grandiosidad, la agudeza y la locura de esta pieza. Supe que yo debía transformarla en teatro.
Jerzy Jarocki, Diálogo, 1991, nº 2