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Exaltación y miseria del exilio (1939-1946)


1939

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En Buenos Aires, “La Nación” y “Głos Polski” anuncian la llegada del transatlántico polaco.


El 25 de agosto, el Chrobry abandona el puerto de Buenos Aires. Witold Gombrowicz, enterado de la firma del pacto entre Stalin y Hitler y de la inminencia de la guerra en Europa, decide quedarse en la Argentina y se presenta en la legación polaca.

 

Yo fui a Argentina por pura casualidad, sólo por dos semanas, y si por un azar del destino la guerra no hubiese estallado durante esas dos semanas, habría regresado a Polonia, aunque no voy a ocultar que cuando la suerte fue echada y Argentina se cerró de golpe sobre mí, fue como si por fin me oyera a mí mismo.
Diario, 1964

 

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Buenos Aires, tarjeta postal de los años 1950.

De setiembre a diciembre, vive en pequeñas pensiones del centro de Buenos Aires. Jeremi Stempowski le presenta polacos y escritores argentinos conocidos: Manuel Gálvez y Arturo Capdevila. Witold Gombrowicz subsiste con los 200 dólares que había traído de Polonia.

 

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El 23 de agosto, firma del pacto Ribbentrop-Molotov. Polonia crucificada. El ejército hitleriano desfila en Varsovia.

Polonia capitula el 28 de setiembre. Una nueva frontera sobre la línea Bug-San divide el país entre los dos ocupantes, el soviético y el nazi. Las represalias, las masacres y las deportaciones caen inmediatamente sobre las élites polacas y los judíos.

 

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Witkacy, pintor y escritor que Witold Gombrowicz admiraba mucho, se suicida cuando el ejército rojo invade Polonia.

1940
Witold Gombrowicz se instala en la calle Bacacay, en el barrio de Flores, lejos del centro.

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Witold Gombrowicz empleará el nombre de esta calle, diecisiete años más tarde, para dar un nuevo título a su colección de cuentos que originalmente se titulaba “Memorias del tiempo de la inmadurez”.


Gombrowicz frecuenta a los Capdevila. Organiza un ciclo de charlas para su hija Chinchina y sus amigas.

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Arturo Capdevila y su hija Chinchina.

 

Mis amigas y yo queríamos oír hablar de los autores conocidos de París, pero Witold se mostraba muy despreciativo respecto de los escritores europeos. Demolía sistemáticamente a autores que nos gustaban, como Huxley o Duhamel. “¡Esos no son escritores!” Destrozaba todo lo que me entusiasmaba, y eso me desesperaba. Su tema favorito era “El estilo de la mujer argentina”. […] Mi padre se divertía mucho con esas reuniones, pero lamentaba no poder asistir a causa de su trabajo.
Chinchina Capdevila, Gombrowicz en la Argentina de Rita Gombrowicz

Arturo Capdevila recomienda Witold Gombrowicz a la revista Aquí Está, donde escribirá con un seudónimo. Manuel Gálvez lo recomienda a La Nación, el diario más importante de Buenos Aires, donde rechazan sus artículos, y a ElHogar, donde publica un cuento, también con seudónimo.

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Antonio Berni, entre dos de sus cuadros.

Witold Gombrowicz conoce a jóvenes artistas argentinos, la mayor parte simpatizantes comunistas: el escritor Roger Pla, el pintor Antonio Berni, en cuya casa dará una conferencia, Leónidas Barletta, director del Teatro del Pueblo, donde pronunciará otra conferencia, el 28 de agosto, que escandalizará a los polacos de la Argentina.
En julio, llega a Buenos Aires su primo Gustavo Kotkowski.

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Entrada del Teatro del Pueblo (1938). Su director, Leónidas Barletta, primero a la izquierda. El escritor Roger Pla.

 

Cuando empezó a conocer a escritores e intelectuales, se produjeron dos tipos de reacciones: unos decían que era un esnob, un excéntrico, y nada más. Otros, como Mastronardi, se interesaron por él de una manera más seria.
Roger Pla, Gombrowicz en la Argentina de Rita Gombrowicz

Witold vive en la miseria: los Fürstemberg, que se habían relacionado con la familia de Gombrowicz en Polonia, organizan una colecta en su beneficio. Hacia fin de año, se muda una vez más y se instala en un conventillo, “El Palomar”.

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Calle Corrientes 1258, el conventillo “El Palomar”. ¡Qué contraste entre la fachada burguesa y el interior miserable!

 

El gran edificio de Corrientes 1258, llamado “El Palomar”, donde anidaban algunos pobres diablos, donde yo viví mi época más penosa, al final de 1940, enfermo y sin un centavo.
Diario, 1963

1941

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De izquierda a derecha: Gombrowicz con Cecilia Benedit de Debenedetti (1948). Amigos y protectores argentinos de Witold Gombrowicz durante la guerra: Carlos Mastronardi, Paulino Frydman, Manuel Gálvez.


Witold Gombrowicz entabló amistad con Cecilia Benedit de Debenedetti, editora y mecenas; Carlos Mastronardi, escritor y amigo de Borges. Otro protector: Paulino Frydman, director del club de ajedrez en el café Rex, que Witoldo frecuentará casi cotidianamente durante dieciocho años.

 

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Buenos Aires en los años 1930 según los dibujos de A. Siegrist.

Los Fürstemberg, Cecilia Debenedetti, Stanislaw Odyniec y M. Ruszkiewicz siguen ayudándolo financieramente.

 

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Gombrowicz fand, dass Buenos Aires in dieser Zeit eine gewisse Ähnlichkeit mit Warschau und Paris hatte.

 

Sí, todo era penoso, terrible, desesperante. La guerra me destruyó familia, posición social, patria, porvenir, ya no tenía nada, ya no era nada… ¡Y sin embargo! Y sin embargo, la Argentina… ¡Qué alivio! ¡Qué liberación! De mis primeros años en la Argentina, los más duros, podría decir, como Mickiewicz: “Nacido en la esclavitud, encadenado desde el nacimiento, sólo he tenido en la vida eso, pero ¡qué primavera!
Testamento. Conversaciones con Dominique de Roux

 

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Alrededor de la estación del ferrocarril, se extendía un barrio popular de Buenos Aires: tango, bares, prostitución.

Witold Gombrowicz escribe artículos con seudónimos en diversas revistas con la ayuda de Roger Pla, que le corrige sus textos en español.
Frecuenta el barrio de la estación Retiro, detrás del puerto, donde vive experiencias homosexuales con jóvenes del pueblo.

 

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Witoldo en Retiro, dibujo de Mariano Betelú.

 

¡Con cuánta pasión me sumí en la “inferioridad”, yo, el señor Gombrowicz!
Testamento. Conversaciones con Dominique de Roux

En diciembre, Witold Gombrowicz se presenta a la legación polaca de Buenos Aires, cuando se moviliza a los jóvenes emigrados para que vayan a Inglaterra para incorporarse a las fuerzas armadas, pero se lo juzga inepto para el servicio militar.

Moralmente, sufría debido a su situación. Cada vez que nos veíamos, discutíamos sobre la guerra. Comprendimos que Polonia estaba liquidada, que todo se había terminado. ¿Dónde está nuestra patria? -nos preguntábamos-. Witold estaba desesperado pero no lo demostraba.
Jeremi Stempowski, Gombrowicz en la Argentina de Rita Gombrowicz

 

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Polonia bajo la ocupación alemana.

1942

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Die Tacuari-Straße von Gombrowicz gibt es nicht mehr.

Witold Gombrowicz vive en una pensión, en el número 242 de la calle Tacuarí, juega mucho al ajedrez, amplía su círculo de jóvenes amigos argentinos, participa muy poco de la vida de la emigración polaca, lleva una vida bohemia.
Subsiste gracias a la ayuda de sus amigos polacos y argentinos y a un modesto subsidio de la legación polaca.
Sufre de insomnio y de debilitamiento general.

 

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Los Andes a la altura de Mendoza. Este paisaje montañoso le recordaba a Witold Gombrowicz la cadena de los Tatras y su célebre estación de Zakopane en Polonia.

En diciembre, Witlold Gombrowicz hace una excursión a Mendoza, en las montañas.

 

¡América! En la Argentina, el gigantismo del continente, su poder se manifiestan en dos ocasiones: cuando se remontan los ríos Paraná y Uruguay que no acaban nunca, que no se estrechan jamás, semejantes a unos reptiles prehistóricos, y cuando nos acercamos a la Cordillera de los Andes. Hundido en el automóvil a campo traviesa, miro y pienso en los recuerdos de un oficial alemán, leídos hace tiempo.
Peregrinaciones argentinas.

 

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Una partida de ajedrez en el café Rex. El primero a la izquierda, de pie, Paulino Frydman.

 

Cada vez más fascinado por América del Sur. No escribe nada serio.
Su cronología personal, escrita en el Cahier de l’Herne Gombrowicz.

En Polonia, Bruno Schulz es asesinado en una calle del gueto de Drohobycz por un funcionario de la Gestapo.

 

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Bruno Schulz (1892-1942).

 

Ese hombrecito era el artista más eximio de todos los que conocí en Varsovia […] La prosa que nacía bajo su pluma era creativa y pura; era entre nosotros el artista más europeo, digno de contarse en el círculo de la más alta aristocracia intelectual y artística de Europa.
Recuerdos de Polonia

1943
Stanisław Odyniec, un amigo emigrado, le consigue un puesto en Solidaridad, revista dirigida por los jesuitas. Gombrowicz se ocupa de las fichas y los archivos. Colabora en la revista católica Criterio con el seudónimo Lenogiry, nombre de una de las propiedades lituanas que habían pertenecido a la familia Gombrowicz.

 

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Revista “Criterio”, 1944. Witold Gombrowicz en esta época.

Después de abandonar la pensión de la calle Tacuarí, sin pagar, lo invita el periodista polaco M. Taworski, a una casa que tenía en las afueras de Morón. Allí dormirá en el piso durante seis meses. A fin de año, Witold Gombrowicz cae enfermo.

 

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Una metrópoli en pleno crecimiento: Buenos Aires, fin de los años 40.

 

Una tarde, lo veo llegar a mi casa, pálido, las mejillas hundidas; tosiendo, se deja caer sobre una silla. “Déme algo de comer”, me pide. “Hace dos días que no como”. Puse a cocinar un bife, pero a causa de mi preocupación me olvidé de salarlo, pero no lo advirtió hasta el último bocado. Me confió que había venido de Morón en tranvía (Morón está a más de 30 Km del centro) porque no tenía dinero para tomar el tren.
Halina Nowinska, Gombrowicz en la Argentina de Rita Gombrowicz


En Europa, los alemanes anuncian el descubrimiento en Katyn, cerca de Smolensk, de un osario con los cuerpos de más de 20.000 oficiales polacos asesinados por orden de Stalin, en 1940.

 

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El osario de Katyń. Durante medio siglo, la URSS negará este crimen.

En Varsovia, los judíos del gueto más grande organizado por los nazis en Europa se rebelaron el 19 de abril de 1943.

 

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El fin del gueto de Varsovia en 1943.

 

La inmensidad del crimen cometido contra los judíos me ha conmovido profundamente y para siempre.
Diario, 1954

 

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De izquierda a derecha: los trenes de la Wehrmacht: “Vamos a Polonia para aplastar a los judíos”. En Varsovia: “¡Judíos! ¡Este lado de la calle está prohibido para ustedes!”.

1944

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Witold Gombrowicz en los años cuarenta.

 

Hasta los cuarenta años conservaba un aspecto joven y me sentía joven. Pertenezco a esa clase de gente que nunca ha conocido la edad intermedia; sentí el sabor de la vejez tan pronto me despedí de la juventud.
Testamento. Conversaciones con Dominique de Roux.

 

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Witold Gombrowicz y Borges.

El poeta Carlos Mastronardi lo presenta a Victoria y Silvina Ocampo y a escritores del grupo de la revista Sur.

 

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A la izquierda: Borges con Bioy Casares. Al centro: Silvina Ocampo. A la derecha: Borges con Mastronardi.


Conoce a Jorge Luis Borges, pero no simpatizan en absoluto. La escena de su encuentro está descripta en Trans-Atlántico.
Witold Gombrowicz se siente totalmente extraño en este Parnaso argentino del cual Borges es el mentor.

 

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Reunión del grupo “Sur” en lo de Victoria Ocampo, 1931. De izquierda a derecha: de pie: Eduardo Bullrich, Jorge Luis Borges, Francisco Romero, Eduardo Mallea, Enrique Bullrich, Victoria Ocampo y Ramón Gómez de la Serna; sentados: Pedro Henríquez Ureña, Norah Borges de Torre, María Rosa Oliver, Carola Padilla y Guillermo de Torre; en primera fila: Oliverio Girondo, Ernest Ansermet.

 

Pero dejando a un lado […] la mala dicción de Borges, dejando a un lado mi impaciencia, el orgullo y la rabia que eran consecuencia de mi doloroso exotismo y rigidez entre extraños, ¿cuáles eran mis posibilidades de entendimiento con aquella Argentina intelectual, estetizante y filosofante? A mí me fascinaba, en este país, lo bajo y eso eran las alturas. A mí me encantaba la oscuridad de Retiro, a ellos las luces de París.
Diario, 1955


Gombrowicz continúa trabajando en Solidaridad, publica artículos en español, firmados con su nombre, en Océano y en La Nación, con la recomendación de Eduardo Mallea.

 

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El escritor Eduardo Mallea (1903-1982) fue, durante mucho tiempo, director del suplemento literario del influyente diario “La Nación”.

 

Son muchos los que a veces se preguntan, sinceramente asombrados: ¿por qué la literatura resulta tan aburrida? y: ¿por qué, de modo general, lo que se escribe me deja frío y no me interesa en absoluto? Se trata de dos preguntas sanas y dignas de consideración.
“El arte y el aburrimiento”, artículo aparecido en “La Nación” del 11-06-1944.

Nuevamente, vive en el centro de Buenos Aires, en pequeñas pensiones de la calle Bartolomé Mitre y Avenida de Mayo.

 

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“Filifor forrado de niño”, ilustrado por Denis Lhomme, se publica en español en la revista “Papeles de Buenos Aires”. Gracias a esto, Witold Gombrowicz conoce a Ernesto Sabato.


Su cuento Filifor forrado de niño, publicado en Papeles de Buenos Aires, atrae la atención de Ernesto Sabato. Es el comienzo de una larga amistad entre ambos escritores.
En Polonia, los soviéticos instalan en Lublin un gobierno provisorio procomunista.

 

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Otoño 1944: insurrección de Varsovia.

El 2 de agosto, estalla la insurrección de Varsovia, que dura dos meses, provocando más de 220.000 víctimas y destruyendo el 80% de la ciudad.

 

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La madre de Witold Gombrowicz y su hermana. Su hermano Janusz y su hijo único Joseph.

Capturados durante la sublevación, Janusz, el hermano mayor de Witold, y su hijo Joseph son deportados a Auschwitz y luego a Mauthausen. Irene y su madre se refugian en Kielce.

 

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Liberación de Varsovia, en enero de 1945.

1945
Incapaz de escribir durante la guerra, Gombrowicz intenta estabilizarse en Buenos Aires: departamento, ingresos más regulares, para poder dedicarse nuevamente a la literatura. Sigue escribiendo con seudónimo el ciclo Nuestro drama erótico para la revista Viva Cien Años.

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Calle Venezuela, el último domicilio argentino de Witold Gombrowicz.

En febrero, alquila una habitación en la calle Venezuela 615, donde vivirá hasta el final de su estadía en la Argentina. Nuevamente, recibe subsidios de la legación polaca.

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Retrato de Witold Gombrowicz, pintado por Cecilia Benedit de Debenedetti.
Un día, lo fui a visitar. Y allá abajo, en la calle Venezuela, había un cuadro que yo había pintado. Era un desnudo. Pero estaba al revés: piernas al aire, cabeza para abajo. No sé si trataba de disimular el hecho de que le había gustado…
Cecilia Benedit de Debenedetti, Gombrowicz en la Argentina de Rita Gombrowicz

En noviembre, Cecilia Benedit de Debenedetti acepta financiar la traducción de Ferdydurkeal español.

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En una recepción, hacia el final de los años 1940: Witold Gombrowicz y su amiga y mecenas Cecilia.

En mayo, termina la guerra en Europa. Después de la conferencia de Yalta, Polonia se encuentra dentro de la zona de influencia de la Unión Soviética.

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Después de la Segunda Guerra Mundial, las fronteras orientales de Polonia se han desplazado hacia el Oeste: los territorios al Este fueron anexados por la URSS.
El fin de la guerra no supuso la liberación para los polacos. En aquella triste Europa central, significaba tan solo la sustitución de una noche por otra, de los verdugos de Hitler por los de Stalin. En el mismo momento en que en los cafés parisinos las almas nobles saludaban con un canto glorioso “la emancipación del yugo feudal por parte del pueblo polaco”, en Polonia, el mismo cigarrillo encendido cambiaba simplemente de mano y seguía quemando la piel humana.
Testamento. Conversaciones con Dominique de Roux.

 

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Se instala en Polonia el poder comunista prosoviético. Los afiches de propaganda: “No cederemos nuestras fábricas y nuestras minas a los capitalistas” y “He aquí al gigante y al enano reaccionario”.

1946

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1947: Witoldo, con sombrero, con el grupo de amigos traductores de “Ferdydurke”. Desde la izquierda: Coldaroli, de Castro, Piñera, Graziella Peyrou, Rodríguez Tomeu y de Obieta.

Todo el año 1946 está dominado por el trabajo en la traducción de Ferdydurke al español. Las sesiones con un grupo de amigos se organizan en el café Rex casi todos los días.

 

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Humberto y Virgilio, los dos cubanos, pilares de la traducción de “Ferdydurke” al español.

La dirección de las operaciones en el Rex incumbe a los “Cubanos” Humberto Rodríguez Tomeu, que llegó en febrero, y Virgilio Piñera, que llegó en mayo a Buenos Aires. Cecilia Benedit de Debenedetti financia esta traducción.

 

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Witold Gombrowicz frecuentaba cotidianamente el Gran Rex de la avenida Corrientes para encontrarse con sus amigos, y jugar al ajedrez.

 

En poco tiempo, la traducción empezó a atraer gente; durante algunas sesiones en el Rex, había más de diez personas.
Diario, 1955.

En abril, Witold Gombrowicz conoce a Alejandro Rússovich, que será uno de sus amigos más cercanos en la Argentina.

 

Russo es para mí la personificación de la genial antigenialidad argentina. Lo admiro. Mecanismo cerebral, infalible. Inteligencia, espléndida. Capacidad de percepción y asimilación. Imaginación, inventiva, poesía, humor. Cultura. Una percepción del mundo sin complejos y llena de desenvoltura…
Diario, 1954


En agosto, comienza a escribir El Casamiento.
Witold Gombrowicz intenta reanudar sus vínculos con Polonia y envía cartas a su familia y a sus amigos de antes de la guerra. Se plantea la posibilidad del regreso.
Las Ediciones Argos de Buenos Aires firman, en noviembre, el contrato para la publicación de Ferdydurke en español.

 

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Virgilio Piñera (1912-1979) escribió en Buenos Aires su novela y algunos de sus cuentos, en los que se percibe cierta inspiración gombrowicziana. Víctima de las persecuciones castristas, muere en Cuba en extrema pobreza.

 

O buscaba la solución a una difícil jugada de ajedrez o estaba enfrascado en “hondos pensamientos”. Me vi frente a un hombre que andaba más allá de los cuarenta, pero al que su cara aniñada, y más que su cara, su “ánimo”, lo hacía aparecer sólo con una veintena de años. Hechas las presentaciones, le dijo a Obieta: “¿Qué tal, Adolfo…? ¿Y ‘ el hijo de la pampa’?” [Se trata del pintor argentino Luis Centurión] Entonces, dirigiéndose a mí, con esa manera muy peculiar de sostener el cigarrillo (lo agarraba al modo de los fumadores de pipa.[…] También me di cuenta de que era asmático. Dejaba oir el pitido característico de tales enfermos), me dijo: “Así que viene usted de la lejana Cuba… Todo muy tropical allá ¿no es cierto? ¡Caramba, cuántas palmeras!”
Este diálogo no era otra cosa que ese encuentro de dos perros oliendo sus traseros para reconocerse. Es así que, después de olernos y reconocernos como defensores acérrimos de la madurez o inmadurez cultural, sellamos una eterna amistad.
Virgilio Piñera, Gombrowicz en la Argentina de Rita Gombrowicz